Terminado agosto con su aplastante ola de calor, el ritmo de septiembre se presenta, en lo social, aboslutamente trepidante. Apenas unos días y ya tendremos la celebración de la Diada, que este año, tras el recorte del Tribunal Constitucional al Estatut y la posterior reacción en forma de manifestación multitudinaria, y celebrándose en las vísperas de unas elecciones autonómicas que, presumiblemente, van a cambiar el mapa electoral de Catalunya, será una Diada más «caliente» que las de los últimos años.
Cuando todavía se esté hablando de ella, los medios de comunicación nos bombardearán con los preparativos de la primera huelga general al gobierno de Zapatero. La «huelga de la crisis» será, como todas, fuente de polémicas (aún recordamos la que hizo famoso a Urdaci por su peculiar forma de pronunciar Comisiones Obreras leyendo textualmente las inciales), tendrá guerra de cifras, valoraciones interesadas y toda la parafernalia que acostumbra. Pero quedará como la «huelga de la crisis», una reacción totalmente justificada de los colectivos obreros ante los recortes gubernamentales (algunos de ellos en la sombra informativa de los últimos días de agosto) tras los abusos, hasta ahora impunes, de la banca y los especuladores financieros.
A los barceloneses los preparativos de la gran huelga nos pillarán en medio de la celebración de las fiestas de La Mercé 2010 y entre la Diada y las elecciones autonómicas. A día de hoy, no sabemos si eso aumentará o disminuirá el ruido de tales preparativos. Lo que sí sabemos es que la efervescencia social está garantizada. Lo cual, en principio, nos parece, de todo lo que estamos a punto de vivir, el aspecto más interesante de la situación tras unos años en los que el «pasotismo político de los ciudadanos» (algunos lo llaman decepción) se está extendiendo de forma preocupante.
Si llegan de vacaciones, si son parte de ese colectivo cada vez más minoritario y privilegiado que tiene vacaciones en agosto, déjense de síndromes postvacacionales y mandangas...este año no hay tiempo para desperezarse poco a poco. Septiembre arranca en cuarta!!
Periódico "El Raval"
Cada mes sale a la calle el periódico "El Raval" con información de lo que puede interesar a quienes viven y trabajan en el barrio del Raval.
Para ver el periódico "El Raval" cómodamente, clica sobre el ejemplar que ves abajo. Se ampliará a toda la pantalla.
Podrás pasar las páginas y en la parte superior podrás ver los controles para ampliar, arrastrar, etc.
Además del periódico, en este blog encontrarás algunos contenidos que quizás puedan interesarte también.
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jueves, 26 de agosto de 2010
sábado, 24 de julio de 2010
Una generación irrepetible
Las personas que ahora cumplen los 80 (año arriba, año abajo) forman una generación irrepetible.
Nacieron en torno a 1930.
Eso significa que cuando eran solo unos niños la guerra civil creó para su infancia un escenario de horror. Miles de ellos perdieron a su padre, a su madre o a ambos en la contienda. Miles de ellos fueron separados de sus padres, de sus familias, de sus hogares, para ser enviados al extranjero «por su propia protección». Algunos no volvieron.
Los que volvieron encontraron un país roto en el que el resto de la infancia iba a estar marcada por las penurias, el hambre, las cartillas de racionamiento... Su adolescencia se llenó de trabajo y privaciones en los años en los que se busca y se necesita el contacto con los amigos, las fiestas, la diversión. A ellos no. A esta generación el futuro les esperaba con una adolescencia de tonos oscuros, temores, represión y resentimientos sociales.
Cuando llegaron a la juventud el trabajo llenó su tiempo. Jornadas inacabables de más de diez horas, sueldos de miseria por el que habían de sentirse incluso agradecidos, sin vacaciones, sin electrodomésticos que aliviaran fatigas... y represión, mucha represión, mucho temor teniendo reciente un pasado negro de explosiones que aún retumbaban en sus memorias.
Poco a poco el país se fue cicatrizando mientras ellos formaban familias numerosas. Los hombres, ya padres, agobiados por conseguir dinero que llevar a casa, las mujeress, ya madres, agobiadas por el trabajo sin comodidades de hogares llenos de hijos.
Y llegaron los años 60. Para ellos nada de revolución sexual, ni de imaginación al poder. Ya era demasiado tarde para ellos. Los niños de la guerra en los 60 fueron los padres del pluriempleo y las madres del boom de natalidad a las que se proponía modélicas familias cristianas de diez hijos, para gloria de dios y la patria.
Cuando murió el dictador eran ya gente madura. Padres de adolescentes revolucionarios que gritaban libertad y amnistía por las calles. «Ay, que no pase nada» «Ay que no les peguen un tiro «perdido». «Ay que no caigan en la droga». Ya no temían por ellos que lo habían sufrido todo en abundancia. Temían por sus hijos, por no acabar de creer en los cambios, por no poder olvidar que, a veces, los fascistas, cuando se les provoca, pueden hacer una guerra tan cruel como aquella que les recibió en sus primeros años de vida.
Pero no, no hubo otra guerra. La democracia no fue de nuevo cortada a cuchillo. Al menos sus hijos podrían...
Porque a finales de los 80 sus cansadas vidas solo ansiaban trabajo para sus hijos y retiros para ellos. Aunque fuera con pensiones de miseria tras tantos años de trabajo que ningún joven actual puede llegar a entender.
Desde entonces son viejos. Sus cansados cuerpos se mueven con dificultad, han perdido los dientes y les amenazan enfermedades que ni saben pronunciar, como el alzheimer, que tiene la tremenda crueldad de robarles sus recuerdos.
Ahora las trabas a las leyes de memoria histórica les regatean un poco de reconocimiento para sus padres. Ni eso parece concederles la vida.
De aquellos niños de la guerra, muchos se han ido ya. Pero los que quedan, ya débiles y con mirada cansada, siguen formando una generación admirable.
Cuando les vemos, en el fragor de la vida moderna, quizás no alcanzamos a comprender lo que sus arrugas nos dicen. En mi opinión, forman una generación admirable, una generación irrepetible. La generación con más casta, con más merecimientos y más injustamente tratada de todas las que aún vemos por nuestras calles. Son viejos, sí, son débiles, si, pero señoras y señores, son héroes, héroes de los de verdad, de los que demuestran su valor a lo largo de toda una vida.
No se habla de reconocimeintos y homenajes a esta generación, Están ahí, cansados y enfermos y hay quien incluso los deja arrinconados para irse unos días de vacaciones.
Señoras y señores, cuando tenga a uno delante, cuando tenga delante a un señor o a una señora de mas de 80 años, tenga en cuenta lo que les digo, están en presencia de héroes cuyos merecimientos anónimos se han prolongado toda la vida.
Ojalá las nuevas generaciones tuviéramos un poco de esa casta que ellos y ellas han demostrado. Ojalá yo tuviera un poco, aunque sea un poquitito, de la casta de mis padres.
En lo que a mí respecta, para ellos, todo mi reconocimiento. Y espero que ustedes, cuando estén en presencia de uno de ellos recuerde estas líneas y les profese el mismo respeto y reconocimiento.
Y si quieren ir un poco más lejos, hagan esto: dénles un tiempo, media hora, invíteles a tomar algo, dejen que les cuenten su vida y háganles preguntas. Se lo han merecido.
Nacieron en torno a 1930.
Eso significa que cuando eran solo unos niños la guerra civil creó para su infancia un escenario de horror. Miles de ellos perdieron a su padre, a su madre o a ambos en la contienda. Miles de ellos fueron separados de sus padres, de sus familias, de sus hogares, para ser enviados al extranjero «por su propia protección». Algunos no volvieron.
Los que volvieron encontraron un país roto en el que el resto de la infancia iba a estar marcada por las penurias, el hambre, las cartillas de racionamiento... Su adolescencia se llenó de trabajo y privaciones en los años en los que se busca y se necesita el contacto con los amigos, las fiestas, la diversión. A ellos no. A esta generación el futuro les esperaba con una adolescencia de tonos oscuros, temores, represión y resentimientos sociales.
Cuando llegaron a la juventud el trabajo llenó su tiempo. Jornadas inacabables de más de diez horas, sueldos de miseria por el que habían de sentirse incluso agradecidos, sin vacaciones, sin electrodomésticos que aliviaran fatigas... y represión, mucha represión, mucho temor teniendo reciente un pasado negro de explosiones que aún retumbaban en sus memorias.
Poco a poco el país se fue cicatrizando mientras ellos formaban familias numerosas. Los hombres, ya padres, agobiados por conseguir dinero que llevar a casa, las mujeress, ya madres, agobiadas por el trabajo sin comodidades de hogares llenos de hijos.
Y llegaron los años 60. Para ellos nada de revolución sexual, ni de imaginación al poder. Ya era demasiado tarde para ellos. Los niños de la guerra en los 60 fueron los padres del pluriempleo y las madres del boom de natalidad a las que se proponía modélicas familias cristianas de diez hijos, para gloria de dios y la patria.
Cuando murió el dictador eran ya gente madura. Padres de adolescentes revolucionarios que gritaban libertad y amnistía por las calles. «Ay, que no pase nada» «Ay que no les peguen un tiro «perdido». «Ay que no caigan en la droga». Ya no temían por ellos que lo habían sufrido todo en abundancia. Temían por sus hijos, por no acabar de creer en los cambios, por no poder olvidar que, a veces, los fascistas, cuando se les provoca, pueden hacer una guerra tan cruel como aquella que les recibió en sus primeros años de vida.
Pero no, no hubo otra guerra. La democracia no fue de nuevo cortada a cuchillo. Al menos sus hijos podrían...
Porque a finales de los 80 sus cansadas vidas solo ansiaban trabajo para sus hijos y retiros para ellos. Aunque fuera con pensiones de miseria tras tantos años de trabajo que ningún joven actual puede llegar a entender.
Desde entonces son viejos. Sus cansados cuerpos se mueven con dificultad, han perdido los dientes y les amenazan enfermedades que ni saben pronunciar, como el alzheimer, que tiene la tremenda crueldad de robarles sus recuerdos.
Ahora las trabas a las leyes de memoria histórica les regatean un poco de reconocimiento para sus padres. Ni eso parece concederles la vida.
De aquellos niños de la guerra, muchos se han ido ya. Pero los que quedan, ya débiles y con mirada cansada, siguen formando una generación admirable.
Cuando les vemos, en el fragor de la vida moderna, quizás no alcanzamos a comprender lo que sus arrugas nos dicen. En mi opinión, forman una generación admirable, una generación irrepetible. La generación con más casta, con más merecimientos y más injustamente tratada de todas las que aún vemos por nuestras calles. Son viejos, sí, son débiles, si, pero señoras y señores, son héroes, héroes de los de verdad, de los que demuestran su valor a lo largo de toda una vida.
No se habla de reconocimeintos y homenajes a esta generación, Están ahí, cansados y enfermos y hay quien incluso los deja arrinconados para irse unos días de vacaciones.
Señoras y señores, cuando tenga a uno delante, cuando tenga delante a un señor o a una señora de mas de 80 años, tenga en cuenta lo que les digo, están en presencia de héroes cuyos merecimientos anónimos se han prolongado toda la vida.
Ojalá las nuevas generaciones tuviéramos un poco de esa casta que ellos y ellas han demostrado. Ojalá yo tuviera un poco, aunque sea un poquitito, de la casta de mis padres.
En lo que a mí respecta, para ellos, todo mi reconocimiento. Y espero que ustedes, cuando estén en presencia de uno de ellos recuerde estas líneas y les profese el mismo respeto y reconocimiento.
Y si quieren ir un poco más lejos, hagan esto: dénles un tiempo, media hora, invíteles a tomar algo, dejen que les cuenten su vida y háganles preguntas. Se lo han merecido.
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Javier Alegría
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viernes, 23 de julio de 2010
El Raval en las noticias
Si una persona cualquiera de Barcelona quisiera informarse de lo que pasa en el barrio del Raval a través de los medios de comunicación, no se habría enterado de que acaban de celebrarse las fiestas del barrio. No sabría nada de los cientos de voluntarios/as que han trabajado antes, durante e incluso después para que en estas calles se dieran cita vecinos y visitantes de todo el mundo en celebraciones en las que el factor principal ha sido la convivencia. No tendría ni una sola imagen de niños sonriendo, de mayores compartiendo mesa en la calle con hijos y nietos, de inmigrantes de todas las razas «aprendiendo Catalunya» a base de comunicación directa, no imaginaría el grado de civismo que ha presidido todas las concentraciones... Porque de todo ello no se ha publicado ni una sola página en los diarios, ni un solo reportaje en las grandes televisiones, ni una sola entrevista en la radio.
Si se hubiera informado a través de los medios de comunicación solo podría imaginar un barrio lleno de prostitutas secuestradas (siete casos y más de cien páginas en los medios haciendo énfasis en lo negativo de las historias y no en la eficacia de la acción policial) y de proxenetas desalamados. Imaginaría un barrio corrompido por trapicheos indecentes entre funcionarios sin ética (dos casos en el distrito entre una plantilla de cientos de funcionarios) y especuladores del sector del turismo. De estos temas habría encontrados cientos y cientos de notas de prensa en todos los grandes medios de comunicación, vídeos en las televisiones y largos espacios en las emisoras de radio.
Si quisiera saber como viven los vecinos del Raval le habría costado encontrar algún testimonio de todos esos que saben que en este barrio venimos de un pasado mucho más oscuro de marginación y obras interminables, no habría encontrado la voz de los voluntarios que ponen su esfuerzo, su ilusión y trabajo al servicio de los demás aportando iniciativas que mejoran la convivencia, que hacen posible las fiestas o que colaboran en la educación de las nuevas generaciones interraciales de niños para que sean ellos, los nuevos catalanes, los que continuen la labor de integración que todos deseamos.
Eso sí, habría encontrado una y otra vez la voz y la imagen malencarada de los portavoces del negativismo, el mensaje de quienes se quejan sin aportar iniciativas, de los que ponen trabas a las fiestas porque les molesta el ruido, de los que divulgan con pasión cualquier mensaje negativo que se pueda encontrar en la prensa referido al Raval, de quienes no han estado organizando nada porque prefieren tener razón en lo mal que está el barrio que poner el hombro en las iniciativas positivas. Habrá podido ver a personajes de la telebasura entrevistar a pobres marginados callejeros en estado de embriaguez evitando penetrar en el tejido asociativo, en el ambiente artístico y cultural o dar voz a quienes trabajan al lado de quienes sufren riesgo de exclusión social llegados de TODA la ciudad. Habrá visto a becarios micrófono en mano buscando lo que sus jefes les piden ofreciendo su «minuto de gloria» a personajes que no son capaces de ganarse más glorias que esas y que arrastran su anónimo resentimiento embistiendo contra todo sin importarles ser parte fundamental de la manipulación.
Este verano todavía no se han visto imágenes de putas con turistas, ni ha muerto nadie en una reyerta. Pero no nos engañemos. Ahí, en algunos rincones, están los buitres de la comunicación esperando a que algo de eso suceda para activar toda la maquinaria del morbo periodístico, y los «anónimos» vecinos esperando su micrófono a la gloria efímera de la crítica vecinal. Y si no sucede nada, ojalá, dará igual porque para eso están los archivos de vídeo: para mostrar como reciente algo grabado hace meses o incluso años. Como si la ciudad necesitara su dosis de «Raval» si no es fresco, congelado.
A este barrio lo están maltratando con saña. Quizás porque, al fin y al cabo, quienes dirigen esos medios son burgueses acomodados en otros barrios. Quizás porque los intereses políticos obvian el daño que se esté haciendo a la gente de a pie. Quizás porque siguen viendo al Raval como el «chino» de sus transgresiones juveniles... Da igual por qué lo hacen, el daño es el daño. Y quienes lo recogen y amplifican para «demostrar sus razones» son cómplices por resentimiento, por ignorancia, por falta de visión de proceso o por simple falta de luces. De todo habrá.
Nuestro periódico no juega a eso. No ocultamos los problemas, pero en estas páginas siempre tendrán prioridad los esfuerzos positivos de las gentes positivas del barrio.
Este mes tienen un buen ejemplo de ello.
Si se hubiera informado a través de los medios de comunicación solo podría imaginar un barrio lleno de prostitutas secuestradas (siete casos y más de cien páginas en los medios haciendo énfasis en lo negativo de las historias y no en la eficacia de la acción policial) y de proxenetas desalamados. Imaginaría un barrio corrompido por trapicheos indecentes entre funcionarios sin ética (dos casos en el distrito entre una plantilla de cientos de funcionarios) y especuladores del sector del turismo. De estos temas habría encontrados cientos y cientos de notas de prensa en todos los grandes medios de comunicación, vídeos en las televisiones y largos espacios en las emisoras de radio.
Si quisiera saber como viven los vecinos del Raval le habría costado encontrar algún testimonio de todos esos que saben que en este barrio venimos de un pasado mucho más oscuro de marginación y obras interminables, no habría encontrado la voz de los voluntarios que ponen su esfuerzo, su ilusión y trabajo al servicio de los demás aportando iniciativas que mejoran la convivencia, que hacen posible las fiestas o que colaboran en la educación de las nuevas generaciones interraciales de niños para que sean ellos, los nuevos catalanes, los que continuen la labor de integración que todos deseamos.
Eso sí, habría encontrado una y otra vez la voz y la imagen malencarada de los portavoces del negativismo, el mensaje de quienes se quejan sin aportar iniciativas, de los que ponen trabas a las fiestas porque les molesta el ruido, de los que divulgan con pasión cualquier mensaje negativo que se pueda encontrar en la prensa referido al Raval, de quienes no han estado organizando nada porque prefieren tener razón en lo mal que está el barrio que poner el hombro en las iniciativas positivas. Habrá podido ver a personajes de la telebasura entrevistar a pobres marginados callejeros en estado de embriaguez evitando penetrar en el tejido asociativo, en el ambiente artístico y cultural o dar voz a quienes trabajan al lado de quienes sufren riesgo de exclusión social llegados de TODA la ciudad. Habrá visto a becarios micrófono en mano buscando lo que sus jefes les piden ofreciendo su «minuto de gloria» a personajes que no son capaces de ganarse más glorias que esas y que arrastran su anónimo resentimiento embistiendo contra todo sin importarles ser parte fundamental de la manipulación.
Este verano todavía no se han visto imágenes de putas con turistas, ni ha muerto nadie en una reyerta. Pero no nos engañemos. Ahí, en algunos rincones, están los buitres de la comunicación esperando a que algo de eso suceda para activar toda la maquinaria del morbo periodístico, y los «anónimos» vecinos esperando su micrófono a la gloria efímera de la crítica vecinal. Y si no sucede nada, ojalá, dará igual porque para eso están los archivos de vídeo: para mostrar como reciente algo grabado hace meses o incluso años. Como si la ciudad necesitara su dosis de «Raval» si no es fresco, congelado.
A este barrio lo están maltratando con saña. Quizás porque, al fin y al cabo, quienes dirigen esos medios son burgueses acomodados en otros barrios. Quizás porque los intereses políticos obvian el daño que se esté haciendo a la gente de a pie. Quizás porque siguen viendo al Raval como el «chino» de sus transgresiones juveniles... Da igual por qué lo hacen, el daño es el daño. Y quienes lo recogen y amplifican para «demostrar sus razones» son cómplices por resentimiento, por ignorancia, por falta de visión de proceso o por simple falta de luces. De todo habrá.
Nuestro periódico no juega a eso. No ocultamos los problemas, pero en estas páginas siempre tendrán prioridad los esfuerzos positivos de las gentes positivas del barrio.
Este mes tienen un buen ejemplo de ello.
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lunes, 19 de julio de 2010
Estatut: las burguesías repartiendose la tarta
Millones de ciudadanos votan en el referendum del Estatut. Eso no significa que todos ellos consideren que es una Ley bien hecha. El 99% de esos ciudadanos no ha leído el Estatut con la mirada de un experto judicial, simplemente confían en el trabajo de los políticos y expertos que han elaborado el texto y acuden a las urnas para apoyar a los partidos con los que se sienten identificados.
Los Parlamentos, tanto el de Catalunya como del Estado, aprueban el Estatut de Catalunya. Eso no significa que cada uno de los parlamentarios haya leido con ojos de experto ese texto. La inmensa mayoría de los parlamentarios no han tenido ninguna participación en la elaboración del texto. Eso ha sido cosa de un grupo reducido de parlamentarios que ha trabajado en comisiones, asesorados por un reducido grupo de "expertos" en temas constitucionales.
Es decir, el texto que una decena de jueces del TC ha rechazado, es un texto que otro grupo de expertos ha elaborado para ser luego aprobado por razones políticas por un grupo de parlamentarios que votan según sus respectivas disciplinas de partido en sus Parlamentos correspondientes.
Como quiera que los miembros del TC han dejado claro que también actúan desde diferentes "sensiblidades" políticas, lo que queda al final es que tanto la aprobación del Estatut como su rechazo son cuestiones políticas dirimidas entre dos grupos muy minoritarios de personas (expertos y políticos). Esos dos grupos minoritarios están pugnando por parcelas más o menos amplias de poder. Ni más ni menos.
En toda esta pugna, el pueblo es convocado para, primero, refrendar el texto y después para protestar por el rechazo del texto.
Decía un buen amigo hace años: en todas estas pugnas del nacionalismo, los sentimientos son utilizados como justificantes y catalizadores de procesos políticos, pero en realidad, todo se reduce a una cuestión muy básica: el reparto de la tarta entre la burguesía del estado y las burguesías de las autonomías. Al pueblo se lo utiliza mediante la agitación de un sentimiento básico: la pertenencia.
Los Parlamentos, tanto el de Catalunya como del Estado, aprueban el Estatut de Catalunya. Eso no significa que cada uno de los parlamentarios haya leido con ojos de experto ese texto. La inmensa mayoría de los parlamentarios no han tenido ninguna participación en la elaboración del texto. Eso ha sido cosa de un grupo reducido de parlamentarios que ha trabajado en comisiones, asesorados por un reducido grupo de "expertos" en temas constitucionales.
Es decir, el texto que una decena de jueces del TC ha rechazado, es un texto que otro grupo de expertos ha elaborado para ser luego aprobado por razones políticas por un grupo de parlamentarios que votan según sus respectivas disciplinas de partido en sus Parlamentos correspondientes.
Como quiera que los miembros del TC han dejado claro que también actúan desde diferentes "sensiblidades" políticas, lo que queda al final es que tanto la aprobación del Estatut como su rechazo son cuestiones políticas dirimidas entre dos grupos muy minoritarios de personas (expertos y políticos). Esos dos grupos minoritarios están pugnando por parcelas más o menos amplias de poder. Ni más ni menos.
En toda esta pugna, el pueblo es convocado para, primero, refrendar el texto y después para protestar por el rechazo del texto.
Decía un buen amigo hace años: en todas estas pugnas del nacionalismo, los sentimientos son utilizados como justificantes y catalizadores de procesos políticos, pero en realidad, todo se reduce a una cuestión muy básica: el reparto de la tarta entre la burguesía del estado y las burguesías de las autonomías. Al pueblo se lo utiliza mediante la agitación de un sentimiento básico: la pertenencia.
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Javier Alegría
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Sentencia del Constitucional
Más de un millón de personas en la calle indignadas por la sentencia del Tribunal Constituional declarando inconstitucionales varios artículos del Estatut de Catalunya dejan clara una cosa: al pueblo no le va a resultar fácil aceptar que una decena de señores, por muy expertos que sean, puedan tener más poder que dos Parlamentos (el catalán y el español) y un referendum en el que puedieron votar todos los ciudadanos de Catalunya.
Pero hay que hacer varias consideraciones:
- El Tribunal Constitucional se crea para evitar que, por ejemplo, una propuesta política que tiene mayoría absoluta en el Parlamento dicte leyes que atenten contra la Constitución. El Estatut de Catalunya no es visto como una amenaza para las libertades del pueblo, pero ¿y si fuera otro tipo de ley? ¿Qué pasaría si llegara al poder, con una mayoría absoluta un partido con un discurso nazi o ultraderechista de inspiración franquista? Recordemos que los nazis llegaron al poder vía elecciones. Sería el Tribunal Constitucional el encargado de proteger la Constitución de esos abusos.
- Es evidente que el actual TC no tiene el peso moral que se le supone porque es evidente que no está formado por jueces imparciales y sabios sino por jueces con claras tendencias ideológicas. Para tendencias tenemos los partidos, de los jueces esperamos la neutralidad y el rigor de quien solo trabaja en función de la objetividad más escrupulosa en la aplicación de las leyes. Por otra parte, varios de los miembros actuales del TC están en ese puesto de forma ilegal y no han sido sustituídos como correspondía por los intereses partidistas del PP que obstaculiza claramente el relevo porque le conviene la actual tendencia hacia la derecha de una mayoría de esos jueces.
- Dicho todo esto que, por cierto, es lo que todo el mundo sabe, resulta llamativo lo que casi nadie dice:
¿Cómo es posible que si efectivamente son inconstitucionales algunos artículos del Estatut tanto el Parlament de Catalunya como el Parlament español hayan aprobado el texto?
Que la población de Catalunya lo haya aprobado en referendum es fácil de entender: la gente no se lee esos textos tan largos y los pocos que lo hacen no lo leen desde la mirada del experto. Cuando se convoca referendum la gente acude a votar confiando en sus políticos.
Lo inconcebible es que los parlamentos lo aprueben, que ni los políticos ni los ejércitos de asesores legales que viven de estudiar textos legales para que sean ajustados a la Constitución hayan reparado en la inconstitucionalidad del Estatut.
La sentencia del TC irrita porque se impone sobre los millones de votantes del referendum y sobre lo aprobado por los Parlamentos, pero es, sobre todo, la evidencia de que en este país hay mucho inepto ocupando puestos.
Pero hay que hacer varias consideraciones:
- El Tribunal Constitucional se crea para evitar que, por ejemplo, una propuesta política que tiene mayoría absoluta en el Parlamento dicte leyes que atenten contra la Constitución. El Estatut de Catalunya no es visto como una amenaza para las libertades del pueblo, pero ¿y si fuera otro tipo de ley? ¿Qué pasaría si llegara al poder, con una mayoría absoluta un partido con un discurso nazi o ultraderechista de inspiración franquista? Recordemos que los nazis llegaron al poder vía elecciones. Sería el Tribunal Constitucional el encargado de proteger la Constitución de esos abusos.
- Es evidente que el actual TC no tiene el peso moral que se le supone porque es evidente que no está formado por jueces imparciales y sabios sino por jueces con claras tendencias ideológicas. Para tendencias tenemos los partidos, de los jueces esperamos la neutralidad y el rigor de quien solo trabaja en función de la objetividad más escrupulosa en la aplicación de las leyes. Por otra parte, varios de los miembros actuales del TC están en ese puesto de forma ilegal y no han sido sustituídos como correspondía por los intereses partidistas del PP que obstaculiza claramente el relevo porque le conviene la actual tendencia hacia la derecha de una mayoría de esos jueces.
- Dicho todo esto que, por cierto, es lo que todo el mundo sabe, resulta llamativo lo que casi nadie dice:
¿Cómo es posible que si efectivamente son inconstitucionales algunos artículos del Estatut tanto el Parlament de Catalunya como el Parlament español hayan aprobado el texto?
Que la población de Catalunya lo haya aprobado en referendum es fácil de entender: la gente no se lee esos textos tan largos y los pocos que lo hacen no lo leen desde la mirada del experto. Cuando se convoca referendum la gente acude a votar confiando en sus políticos.
Lo inconcebible es que los parlamentos lo aprueben, que ni los políticos ni los ejércitos de asesores legales que viven de estudiar textos legales para que sean ajustados a la Constitución hayan reparado en la inconstitucionalidad del Estatut.
La sentencia del TC irrita porque se impone sobre los millones de votantes del referendum y sobre lo aprobado por los Parlamentos, pero es, sobre todo, la evidencia de que en este país hay mucho inepto ocupando puestos.
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jueves, 24 de junio de 2010
Negativismo
María José Hernando. Psicóloga
Todos hemos oído aquello de la botella medio llena y la botella medio vacía. Pero para algunas personas lo de ver la botella siempre medio vacía es, incluso, demasiado positivo. Hay personas para las que parece que la botella siempre estuviera completamente vacía. Usted conocerá a alguien así: que si le bajan el sueldo porque se lo bajan, que si no se lo bajan porque no se lo han subido y si se lo suben porque no se lo han subido tanto como esperaba o tanto como a otra persona que se lo merece menos... el caso es que siempre le parece mal. Son las personas atrapadas en el negativismo.
El negativismo es como una especie de vicio psicológico que se va consolidando, que va estableciéndose como filtro que todo lo tiñe hasta sumergir a la persona que lo padece en un mundo de sensaciones, emociones y pensamientos negativos.
El mismo fenómeno puede darse cuando hablamos de grupos sociales. El negativismo puede hacer presa en los vecinos de un barrio, en los trabajadores de una empresa, en un equipo de personas y, a una cierta escala, puede incluso ser de influencia más amplia.
A veces, cuando una observa los contenidos de algunos telediarios da la sensación de que los miembros de las redacciones de noticias son víctimas de ese problema. Pareciera que hay una predisposición a considerar que una mala noticia es siempre más importante que una buena noticia.
El pensamiento positivo es fundamental para salir de los momentos de crisis personales. Es necesario aprender a ver en cada situación, en cada persona que nos rodea, en cada proyecto y en cada recuerdo algún aspecto positivo. Para algunas personas este aprendizaje es muy costoso. Atiendo a personas que en algunas ocasiones llegan tras un tiempo muy largo de angustia, de esfuerzo por soportar una situación muy tensa que les ha ido llenando de temores, de experiencias negativas, de frustraciones. Esa especie de «paliza» les ha dejado a modo de secuela una incapacidad para desarrollar un pensamiento positivo que les ayude a salir de su situación. El negativismo se ha hecho fuerte en ellos, se ha convertido en una costumbre, en un hábito, en un verdadero «vicio» para el que no se han inventado parches.
Necesitan desarrollar un pensamiento positivo pero se han acostumbrado a lo contrario. Y cuando intentan ver los aspectos positivos el más mínimo revés les confirma su negativa visión de la realidad, como la recaida de un drogadicto en rehabilitación. No es fácil, no lo es. Pero sí es imprescindible. Necesitamos el pensamiento positivo para ser felices. No va de ser felices para tener un pensamiento positivo, como mucha gente cree. Desde el negativismo es imposible ser feliz. Es impresecindible aprender a ver lo positivo, im-pres-cin-di-ble.
Si son aficionados al cine, incluso si no lo son, hay un personaje que encarna este espíritu: Forrest Gump. También una película mítica «Qué bello es vivir» y miles de personajes que afrontan sus momentos de crisis con un indomable espíritu positivo que les ayuda a triunfar. Pero no crean que es solo cine. La vida nos pide que sepamos luchar y la primera técnica de lucha que debemos practicar hasta dominar es el «pensamiento positivo».
No digo que sea fácil, digo que es im-pres-cin-di-ble.
María José Hernando. Psicóloga
Todos hemos oído aquello de la botella medio llena y la botella medio vacía. Pero para algunas personas lo de ver la botella siempre medio vacía es, incluso, demasiado positivo. Hay personas para las que parece que la botella siempre estuviera completamente vacía. Usted conocerá a alguien así: que si le bajan el sueldo porque se lo bajan, que si no se lo bajan porque no se lo han subido y si se lo suben porque no se lo han subido tanto como esperaba o tanto como a otra persona que se lo merece menos... el caso es que siempre le parece mal. Son las personas atrapadas en el negativismo.
El negativismo es como una especie de vicio psicológico que se va consolidando, que va estableciéndose como filtro que todo lo tiñe hasta sumergir a la persona que lo padece en un mundo de sensaciones, emociones y pensamientos negativos.
El mismo fenómeno puede darse cuando hablamos de grupos sociales. El negativismo puede hacer presa en los vecinos de un barrio, en los trabajadores de una empresa, en un equipo de personas y, a una cierta escala, puede incluso ser de influencia más amplia.
A veces, cuando una observa los contenidos de algunos telediarios da la sensación de que los miembros de las redacciones de noticias son víctimas de ese problema. Pareciera que hay una predisposición a considerar que una mala noticia es siempre más importante que una buena noticia.
El pensamiento positivo es fundamental para salir de los momentos de crisis personales. Es necesario aprender a ver en cada situación, en cada persona que nos rodea, en cada proyecto y en cada recuerdo algún aspecto positivo. Para algunas personas este aprendizaje es muy costoso. Atiendo a personas que en algunas ocasiones llegan tras un tiempo muy largo de angustia, de esfuerzo por soportar una situación muy tensa que les ha ido llenando de temores, de experiencias negativas, de frustraciones. Esa especie de «paliza» les ha dejado a modo de secuela una incapacidad para desarrollar un pensamiento positivo que les ayude a salir de su situación. El negativismo se ha hecho fuerte en ellos, se ha convertido en una costumbre, en un hábito, en un verdadero «vicio» para el que no se han inventado parches.
Necesitan desarrollar un pensamiento positivo pero se han acostumbrado a lo contrario. Y cuando intentan ver los aspectos positivos el más mínimo revés les confirma su negativa visión de la realidad, como la recaida de un drogadicto en rehabilitación. No es fácil, no lo es. Pero sí es imprescindible. Necesitamos el pensamiento positivo para ser felices. No va de ser felices para tener un pensamiento positivo, como mucha gente cree. Desde el negativismo es imposible ser feliz. Es impresecindible aprender a ver lo positivo, im-pres-cin-di-ble.
Si son aficionados al cine, incluso si no lo son, hay un personaje que encarna este espíritu: Forrest Gump. También una película mítica «Qué bello es vivir» y miles de personajes que afrontan sus momentos de crisis con un indomable espíritu positivo que les ayuda a triunfar. Pero no crean que es solo cine. La vida nos pide que sepamos luchar y la primera técnica de lucha que debemos practicar hasta dominar es el «pensamiento positivo».
No digo que sea fácil, digo que es im-pres-cin-di-ble.
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Javier Alegría
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lunes, 21 de junio de 2010
El "burka psicológico" del Raval
Javier Alegría
El burka puede ser escogido por la mujer que lo lleva, puede ser impuesto por el hombre, puede ser inspirado por el sentimiento religioso... Pero el burka tiene algo que lo hace inaceptable: obliga a quien lo usa a ver el mundo a través de una cerrada rejilla. Y eso, en occidente, es visto como una especie de tortura que no se puede justificar.
En el Raval existe otro burka, un burka psicológico, que hace que la realidad aparezca reducida, distorsionada, oscurecida. Actúa como un velo que todo lo tiñe de negro, de negatividad, de pesimismo y de mala leche. Un velo que proyecta sobre el barrio una sombra, que elimina todo lo positivo y resalta todo lo negativo para proponerlo después como "realidad".
Si uno visita el blog del colectivo Raval per Viure podrá estar más o menos de acuerdo con algunas de las denuncias allí recogidas, pero lo que resulta realmente chocante es que en esa página no haya ni un elemento positivo, todo es negativo salvo un par de opiniones que apenas se atreven con un suave "bueno, seamos sensatos...".
Es curioso cómo en el periódico "El Raval" se publican cada mes veinte páginas llenas de iniciativas positivas para el barrio. En el Raval se están haciendo obras de recuperación del Patrimonio Histórico, se están peatonalizando calles, colocando recogida pneumática de basuras, pacificando el tránsito. La red de entidades (la más tupida y activa de la ciudad) impulsa contínuas iniciativas culturales, sociales, lúdicas, comerciales, etc. Los grandes centros culturales ofrecen inmejorables exposiciones, organizan eventos de interés incluso internacional, proponen actividades participativas y son centro de la cultura barcelonesa. Pero además de todo eso, el barrio del Raval está siendo el epicentro de un proceso social y cultural de máximo interés para cualquier ser humano desde que en sus calles se mezclan personas de casi todas las culturas del planeta en un momento, además, en el que la globalización mundial es una realidad nueva, desafiante y llena de interrogantes.
En el Raval hay delincuentes, hay prostitutas en algunas calles, hay traficantes y clientes que llegan de toda la ciudad y hay vecinos indignados y exigentes. Pero olvidar todo lo positivo para centrarse solo en cualquier noticia con tintes negativos es propio de quien, atrapado por su negativismo, es incapaz de ver los infinitos matices de los colores, las texturas de las nuevas realidades y la belleza que se aprecia detrás de cada realidad humana.
Para colmo, la prensa grande, la de los grandes medios de comunicación, ávida de engordar su negocio y de alimentar intereses que poco tienen que ver con los vecinos de este barrio, se apresura a magnificar el velo negro del Raval generando un círculo vicioso en el que el abatimiento, la negatividad y el pesimismo crecen y hasta ofenden.
Ya es hora de que las pancartas se descuelguen de los balcones. Ya es hora de que dejen de proyectar su sombra sobre las calles. Este barrio es un barrio digno porque la dignidad está en quienes viven y trabajan en él, la dignidad está en el esfuerzo por solucionar problemas, por iluminar la vida, por enriquecer la convivencia. Ya es hora de pensar en positivo, de exigir desde la propuesta y no desde la queja, de poner el hombro en la construcción de un barrio mejor, de apoyar a las entidades (incluso de sumarse a ellas). Ya es hora de que las voces del Raval propongan además de denunciar. Es una responsabilidad de todos pero es, sobre todo, una responsabilidad de cada uno. Siéntase orgulloso/a de su barrio y si aún no lo está, trabaje por mejorarlo. No dejemos más tiempo que el discurso del Raval sea el de los que lo ven con un "burka psicológico". El Raval tiene colores y el negro es de los que menos brillan en él.
Javier Alegría
El burka puede ser escogido por la mujer que lo lleva, puede ser impuesto por el hombre, puede ser inspirado por el sentimiento religioso... Pero el burka tiene algo que lo hace inaceptable: obliga a quien lo usa a ver el mundo a través de una cerrada rejilla. Y eso, en occidente, es visto como una especie de tortura que no se puede justificar.
En el Raval existe otro burka, un burka psicológico, que hace que la realidad aparezca reducida, distorsionada, oscurecida. Actúa como un velo que todo lo tiñe de negro, de negatividad, de pesimismo y de mala leche. Un velo que proyecta sobre el barrio una sombra, que elimina todo lo positivo y resalta todo lo negativo para proponerlo después como "realidad".
Si uno visita el blog del colectivo Raval per Viure podrá estar más o menos de acuerdo con algunas de las denuncias allí recogidas, pero lo que resulta realmente chocante es que en esa página no haya ni un elemento positivo, todo es negativo salvo un par de opiniones que apenas se atreven con un suave "bueno, seamos sensatos...".
Es curioso cómo en el periódico "El Raval" se publican cada mes veinte páginas llenas de iniciativas positivas para el barrio. En el Raval se están haciendo obras de recuperación del Patrimonio Histórico, se están peatonalizando calles, colocando recogida pneumática de basuras, pacificando el tránsito. La red de entidades (la más tupida y activa de la ciudad) impulsa contínuas iniciativas culturales, sociales, lúdicas, comerciales, etc. Los grandes centros culturales ofrecen inmejorables exposiciones, organizan eventos de interés incluso internacional, proponen actividades participativas y son centro de la cultura barcelonesa. Pero además de todo eso, el barrio del Raval está siendo el epicentro de un proceso social y cultural de máximo interés para cualquier ser humano desde que en sus calles se mezclan personas de casi todas las culturas del planeta en un momento, además, en el que la globalización mundial es una realidad nueva, desafiante y llena de interrogantes.
En el Raval hay delincuentes, hay prostitutas en algunas calles, hay traficantes y clientes que llegan de toda la ciudad y hay vecinos indignados y exigentes. Pero olvidar todo lo positivo para centrarse solo en cualquier noticia con tintes negativos es propio de quien, atrapado por su negativismo, es incapaz de ver los infinitos matices de los colores, las texturas de las nuevas realidades y la belleza que se aprecia detrás de cada realidad humana.
Para colmo, la prensa grande, la de los grandes medios de comunicación, ávida de engordar su negocio y de alimentar intereses que poco tienen que ver con los vecinos de este barrio, se apresura a magnificar el velo negro del Raval generando un círculo vicioso en el que el abatimiento, la negatividad y el pesimismo crecen y hasta ofenden.
Ya es hora de que las pancartas se descuelguen de los balcones. Ya es hora de que dejen de proyectar su sombra sobre las calles. Este barrio es un barrio digno porque la dignidad está en quienes viven y trabajan en él, la dignidad está en el esfuerzo por solucionar problemas, por iluminar la vida, por enriquecer la convivencia. Ya es hora de pensar en positivo, de exigir desde la propuesta y no desde la queja, de poner el hombro en la construcción de un barrio mejor, de apoyar a las entidades (incluso de sumarse a ellas). Ya es hora de que las voces del Raval propongan además de denunciar. Es una responsabilidad de todos pero es, sobre todo, una responsabilidad de cada uno. Siéntase orgulloso/a de su barrio y si aún no lo está, trabaje por mejorarlo. No dejemos más tiempo que el discurso del Raval sea el de los que lo ven con un "burka psicológico". El Raval tiene colores y el negro es de los que menos brillan en él.
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Javier Alegría
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