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lunes, 13 de agosto de 2012

CRISIS Y "DEFICIENCIA MOTIVACIONAL". Artículo recibido por internet (firmado con pseudónimo) que explica uno de los aspectos piscológicos que se producen con la crisis. Interesante... ...

La crisis es producto de la fatalidad, a ver si pasa pronto…
No hay nada que hacer más que tener paciencia y resignación…
Si, si, de acuerdo… Los de arriba estarán imputados, pero ya veras como no pisan la cárcel…
Siempre nos quedará el recurso al pataleo…

A los que mandan, a los que te quieren esclavo les encanta que ese tipo de ideas aniden en tu mente… Si este es el caso, si a veces tienes este tipo de ideas, apresúrate a desalojarlas de tu cerebro. Son producto de algo que tiene nombre científico y se denomina “Indefensión Aprendida”.

Debemos el concepto al psicólogo estadounidense Martin Seligman, que lo desarrolló a partir de su conocido experimento con perros. Seligman expuso a dos animales, encerrados en sendas jaulas, a descargas eléctricas ocasionales. Uno de ellos tenía la posibilidad de accionar una palanca con el hocico para detener la descarga, mientras el otro no disponía de medios para hacerlo.

El efecto psicológico en ambos animales era muy distinto: el primero mostraba un comportamiento y un estado de ánimo normal, mientras que el otro permanecía quieto, lastimoso y asustado. De esta manera, la importancia de la sensación de control sobre el estado de ánimo parecía demostrada. Incluso cuando la situación cambiaba para el segundo animal, y se ponían los medios para que este pudiera controlar las descargas, era incapaz de darse cuenta y seguía recibiéndolas sin intentar evitarlo.

De esta manera la indefensión aprendida es una condición psicológica (también social como en el caso actual) en la que un sujeto (o colectividad) aprende a creer que está indefenso, que no tiene ningún control sobre la situación en la que se encuentra y que cualquier cosa que haga es inútil. Como resultado, el individuo (o colectivo) permanece pasivo frente a una situación displacentera o dañina, incluso cuando dispone de la posibilidad real de cambiar estas circunstancias.

La indefensión aprendida genera tres grandes deficiencias :

La Deficiencia Motivacional se caracteriza por una disminución de las respuestas de individuos (y grupos humanos) que han “aprendido” (por lo general equivocadamente) que su actuación no sirve para nada y por lo tanto ya no se esfuerzan en resolver sus problemas. Las características más sobresalientes a que da lugar la deficiencia motivacional son la pasividad y la falta de perseverancia. Los sujetos (y grupos humanos) quedan desmotivados y simplemente intentan adaptarse a las situaciones dolorosas que les proporciona su ecosistema.

La Deficiencia Cognitiva nos adentra en el ámbito de las ideas deformadas, en tanto genera una disposición cognitiva negativa. A los individuos y los grupos humanos les resulta difícil aprender que sus respuestas han sido eficaces, o tienden a evaluar el resultado como en un balance negativo, en tanto creen que el esfuerzo no ha obtenido la merecida recompensa. De esta manera distorsionan la percepción de control: tienden a creer que fracasaran (individual y colectivamente) en todo lo que emprendan, ya que han “aprendido” que no existe correspondencia entre los esfuerzos de su conducta y las consecuencias que desprenden de ellas. La deficiencia cognitiva hace que aumenten las dificultades en los procesos de memorización, comprensión y toma de decisiones.

La Deficiencia Emocional consiste en un incremento de la ansiedad y de la emotividad, seguida de depresión. La percepción de falta de control produce frustración, miedo, insatisfacción. Por ese camino se llega en numerosas ocasiones a la enfermedad mental (ansiedad, estrés, depresión, tristeza crónica…) o la somatización física (úlceras, cefaleas, trastornos del sueño, enfermedades auto-inmunes…). Y en esta versión, en el caso de las sociedades, a ciertas patologías de carácter social (pasividad, apatía, tristeza, desesperanza, cinismo…).

Por el contrario, se define “Empoderamiento” como el proceso por el cual las personas aumentan la fortaleza espiritual, política, social o económica de los individuos y las comunidades para impulsar cambios positivos de las situaciones en que viven. Generalmente implica el desarrollo en el beneficiario de una confianza en sus propias capacidades.

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