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lunes, 13 de septiembre de 2010

Pragmatismo versus ideología

Muchos autores hablaron de la "muerte de las ideologías" cuando tras la caida del muro de Berlín comenzó la reforma de la URSS y el mundo afrontó un nuevo periodo de su historia sin los dos grandes bloques de poder que lo habían "organizado" desde la segunda guerra mundial.
Aquella "muerte de las ideologías" dejó el terreno libre para que creciera una nueva ideología disfrazada de no-ideología: el pragmatismo.
Los líderes sociales, o quienes aspiraban a serlo, los analistas y la mayoría de los formadores de opinión abrazaron la nueva fe con la fuerza del converso: Para ellos, no hay nada tan evidente como la necesidad de ser prágmático para dirigir cualquier organización. Pero ¿en qué se diferencia el pragmatismo de las demás ideologías?
Básicamente en un aspecto: La ideología parte de un convencimiento de tipo ético que dice cómo deberían de ser las cosas; a partir de ahí, es necesario trabajar para adecuar la realidad a ese modo óptimo. El pragmatismo actúa al revés, parte de un análisis de la realidad y, a partir de ahí, trabaja para adecuar la realidad al resultado de ese análisis. Dicho de otra forma, el pragamatismo no cuestiona la realidad establecida sino que la toma como base de actuación para lograr una adaptación óptima mientras las ideologías cuestionan las realidades para detectar en qué puntos no coinciden con la idea óptima y trabajan para transformar esa realidad. Cambio, revolución, lucha...son términos propios de la actuación tranformadora de las ideologias. Adaptación, consenso, posibilismo, son términos propios del pragmatismo.
Zapatero hoy es un buen ejemplo de converso al pragmatismo. Los restos de su ideología actúan desde su paisaje de formación pero son aplastados por la potencia del pragmatismo. Los sindicatos, justo al contrario, actúan con cierto pragmatismo tratando de inspirarse en los restos de la ideología que los fundó. El discurso de Zapatero es el discurso de quien abrumado por la responsabilidad del poder y las presiones de la realidad cede a la necesidad de la adaptación, mientras los sindicatos proponen la lucha por cambiar la tiranía de los poderes para avanzar en la construcción de una sociedad más justa. Ambos parecen actuar desde la honestidad, pero ambos saben las consecuencias de sus posiciones: Zapatero pagará el precio de la impopularidad y los sindicatos perderán la batalla que la ideología ya perdió hace tres décadas.
Vivimos tiempos difíciles de asumir: el pragmatismo es ciego, avanza sin rumbo en un análisis constante de la realidad establecida, una realidad cambiante, sometida a los embates de grupos de presión y de acontecimientos inesperados e incluso aleatorios. Las ideologías tratan de mantener el rescoldo de lo que en otro tiempo fue un fuego transformador, adaptando su lenguaje a nuevas situaciones (globalización, ecología...)
Mientras tanto, el mundo asiste atónito al crecimiento de una nueva forma ideológica que tiene la osadía de cuestionar la realidad establecida desde un punto de vista que en occidente nos parece anacrónico y detestable: el fundamentalismo. El pistolero bigotón que amenaza con quemar libros sagrados del islam, el barbudo asesino que considera que estrellar aviones contra las torres gemelas puede ser una buena idea y el iluminado que se llena el cuerpo de explosivos para derrramar su sangre junto a la de cientos de inocentes en cualquier mercado, son preocupantes ejemplos dela fuerza de esta nueva forma de ideología del siglo XXI.
Que su dios nos libre de hijos tan fervorosos.
Entre pragamatismo y fundamentalismo...¡Lo llevamos claro!

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