Periódico "El Raval"

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lunes, 21 de junio de 2010

El "burka psicológico" del Raval
Javier Alegría

El burka puede ser escogido por la mujer que lo lleva, puede ser impuesto por el hombre, puede ser inspirado por el sentimiento religioso... Pero el burka tiene algo que lo hace inaceptable: obliga a quien lo usa a ver el mundo a través de una cerrada rejilla. Y eso, en occidente, es visto como una especie de tortura que no se puede justificar.
En el Raval existe otro burka, un burka psicológico, que hace que la realidad aparezca reducida, distorsionada, oscurecida. Actúa como un velo que todo lo tiñe de negro, de negatividad, de pesimismo y de mala leche. Un velo que proyecta sobre el barrio una sombra, que elimina todo lo positivo y resalta todo lo negativo para proponerlo después como "realidad".
Si uno visita el blog del colectivo Raval per Viure podrá estar más o menos de acuerdo con algunas de las denuncias allí recogidas, pero lo que resulta realmente chocante es que en esa página no haya ni un elemento positivo, todo es negativo salvo un par de opiniones que apenas se atreven con un suave "bueno, seamos sensatos...".
Es curioso cómo en el periódico "El Raval" se publican cada mes veinte páginas llenas de iniciativas positivas para el barrio. En el Raval se están haciendo obras de recuperación del Patrimonio Histórico, se están peatonalizando calles, colocando recogida pneumática de basuras, pacificando el tránsito. La red de entidades (la más tupida y activa de la ciudad) impulsa contínuas iniciativas culturales, sociales, lúdicas, comerciales, etc. Los grandes centros culturales ofrecen inmejorables exposiciones, organizan eventos de interés incluso internacional, proponen actividades participativas y son centro de la cultura barcelonesa. Pero además de todo eso, el barrio del Raval está siendo el epicentro de un proceso social y cultural de máximo interés para cualquier ser humano desde que en sus calles se mezclan personas de casi todas las culturas del planeta en un momento, además, en el que la globalización mundial es una realidad nueva, desafiante y llena de interrogantes.
En el Raval hay delincuentes, hay prostitutas en algunas calles, hay traficantes y clientes que llegan de toda la ciudad y hay vecinos indignados y exigentes. Pero olvidar todo lo positivo para centrarse solo en cualquier noticia con tintes negativos es propio de quien, atrapado por su negativismo, es incapaz de ver los infinitos matices de los colores, las texturas de las nuevas realidades y la belleza que se aprecia detrás de cada realidad humana.
Para colmo, la prensa grande, la de los grandes medios de comunicación, ávida de engordar su negocio y de alimentar intereses que poco tienen que ver con los vecinos de este barrio, se apresura a magnificar el velo negro del Raval generando un círculo vicioso en el que el abatimiento, la negatividad y el pesimismo crecen y hasta ofenden.
Ya es hora de que las pancartas se descuelguen de los balcones. Ya es hora de que dejen de proyectar su sombra sobre las calles. Este barrio es un barrio digno porque la dignidad está en quienes viven y trabajan en él, la dignidad está en el esfuerzo por solucionar problemas, por iluminar la vida, por enriquecer la convivencia. Ya es hora de pensar en positivo, de exigir desde la propuesta y no desde la queja, de poner el hombro en la construcción de un barrio mejor, de apoyar a las entidades (incluso de sumarse a ellas). Ya es hora de que las voces del Raval propongan además de denunciar. Es una responsabilidad de todos pero es, sobre todo, una responsabilidad de cada uno. Siéntase orgulloso/a de su barrio y si aún no lo está, trabaje por mejorarlo. No dejemos más tiempo que el discurso del Raval sea el de los que lo ven con un "burka psicológico". El Raval tiene colores y el negro es de los que menos brillan en él.  

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