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domingo, 8 de mayo de 2016

La vivienda y los apartamentos turísticos. Editorial de "El Raval" Mayo 2016

Una ciudad es un agrupamiento de seres humanos que deciden desarrollar sus vidas en un mismo lugar. Esos seres humanos tienen un proyecto vital, unas imágenes de futuro, unos anhelos, unas aspiraciones. Para desarrollar sus proyectos vitales necesitan una vivienda y unos servicios. Si quisieran vivir alejados de los demás, no elegirían vivir en una ciudad. Así que buscan una vivienda en la que residir, la eligen de acuerdo a criterios personales muy diversos, pero sobre todo, la eligen pensando en que será un instrumento adecuado para desarrollar su proyecto vital. Y según sus posibilidades, y las posibilidades que les da el mercado, la compran o la alquilan. La vivienda es algo tan importante para el desarrollo de un proyecto vital humano que incluso se considera un derecho fundamental. Pero la vivienda no es lo único que necesitan. Por eso, además de la vivienda propiamente dicha, tienen muy en cuenta a los vecinos que tendrán alrededor y también los servicios cercanos: comercios, colegios, centros médicos, espacios y parques etc. Y, para que todo ese entramado funcione correctamente, eligen a unos representantes que se encarguen de ello.

Para dotar del número de viviendas necesarias se construyen «edificios de viviendas». Son edificios pensados para que las personas puedan desarrollar sus proyectos vitales en ellos. Además, se  construyen otros edificios específicamente destinados a servicios: hospitales, colegios, oficinas, etc. Y para quienes vienen de visita a una ciudad, ya sea por motivos turísticos o por cuestiones de trabajo, se construyen otros edificios a los que llamamos «hoteles». Son edificios independientes de los edificios destinados a la vivienda, son específicos y cumplen su función. Pero...

Pero en Barcelona, hace algunos años, unos pocos propietarios de viviendas, vieron una posibilidad de hacer negocio con viviendas que habían adquirido como inversión. Ya no les era suficiente con el mercado de alquiler convencional. Querían más beneficio. Y les salió bien. Así que otros propietarios decidieron hacer lo mismo. Fueron tantos que hasta se convirtieron en una competencia para el negocio de los hoteles. Sí, esos otros «edificios específicos» pensados para acoger a los visitantes de la ciudad sin interferir en la convivencia de las comunidades de vecinos.

Algunos hoteleros, entonces, pensaron que en lugar de invertir en «hoteles de apartamentos» podría ser mejor idea sumarse al negocio de los apartamentos turísticos y empezaron a invertir también en la compra de pisos vacíos o de edificios de viviendas para destinarlos al alquiler turístico. Finalmente, hasta los más reacios propietarios de pisos pensaron que si no entraban en el negocio serían una especie de «tontos» que dejaban escapar una buena posibilidad. Y ahí la cosa se descontroló totalmente...

Los apartamentos turísticos no son como los hoteles. No son edificios específicos. Están entreverados en los edifcios de vecinos, empujan los precios de los alquileres hacia arriba hasta expulsar a los vecinos tradicionales de sus barrios y de sus ámbitos de relación. Generan inseguridad en las comunidades porque el cambio constante de ocupantes impide que se establezcan las reglas básicas de convivencia. Generan molestias porque las necesidades de los residentes habituales no tienen nada que ver con las aspiraciones de los visitantes ocasionales. Los apartamentos turísticos son lo más parecido que hay a una infección que afecta a nuestros barrios.

Y por mucho que se meta en el mismo saco del turismo a hoteles y apartamentos turísticos, su repercusión en la vida vecinal no tiene nada que ver. Los hoteles generan puestos de trabajo directos e indirectos, los apartamentos turísticos solo el beneficio de especuladores. Los hoteles son fácilmente controlables y su ubicación puede ponerse al servicio de las necesidades de la ciudad, los apartamentos turisticos todo lo contrario. Los hoteles no tienen un impacto relevante en el mercado de alquiler, los apartamentos turísticos contaminan ese mercado en perjuicio de los vecinos.

Es responsabilidad de nuestros representantes electos poner fin a esta infección. Los apartamentos turísticos deben ser prohibidos sin más. Todos ellos sin excepción. Incluso los ubicados en un edificio sin vecinos, que para eso ya se invetaron los «aparthoteles». Si los anteriores gobiernos de la ciudad los permitieron merecen nuestra crítica, pero los actuales deben tener la valentía de acabar con ellos. Son la mayor amenaza de la ciudad y ellos han sido elegidos para algo. Atrévanse!

6 comentarios:

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    1. He eliminado tu comentario porque, aunque dices que no publique tus datos, en el comentario aparecían escritos y pueden ser leídos por todo el mundo.

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  4. http://www.lavanguardia.com/local/barcelona/20160531/402158053919/el-tsjc-avala-los-pisos-turisticos-si-no-molestan.html

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  5. Pues me parece bastante claro que sí molestan...

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