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miércoles, 12 de septiembre de 2012

LAS MENTIRAS DE LA CRISIS

No es cierto que la crisis económica se deba a que «hemos estado gastando por encima de nuestras posibilidades y ahora debemos pagar». La inmensa mayoría de los españoles no hemos gastado de más, simplemente hemos tratado de salir adelante mientras una minoría se embarcaba en negocios especulativos que los bancos, a los que ahora se rescata con el dinero de todos, alentaban sin pudor y, como se ha visto con el tema de las preferentes, sin aplicarse el más mínimo freno ético.
La crisis se ha producido porque una serie de leyes estadounidenses permitió la creación de auténticas pirámides financieras que, como todas las pirámides, acabó estallando y contaminando las inversiones de millones de personas a nivel internacional. En España, a la crisis financiera se unió a finales de los 90 la aprobación de una Ley del Suelo que desencadenó una fiebre especuladora sin precedentes a la que promotores y banqueros se sumaron de la mano con la complacencia de los principales partidos políticos que encontraban en esa especulación una forma de financiación «extra» para los ayuntamientos. El coste fue el encarecimiento exagerado de los pisos y la consecuencia principal fue que toda una generación de españoles se vió abocada a endeudarse de por vida para poder ejercer un derecho reconocido en la constitución: el acceso a una vivienda digna.
No es cierto que los recortes que se están haciendo sean la única salida a la crisis. Las medidas son totalmente ideológicas. Poco antes de las elecciones autonómicas en Catalunya, el entonces candidato Artur Mas, en un acto en el Raval , a una pregunta concreta relacionada con la seguridad («En algunos países se plica el criterio de que la seguridad debe ser suficiente para todos, mientras en otros se aplica el criterio de que se debe garantizar un mínimo de seguridad para todos y el que quiera una seguridad mayor que se la pague, o dicho de otra forma, si usted gana ¿las empresas privadas de seguridad irán para arriba o será la seguridad general la que se vea reforzada?) contestó: «Sin duda las empresas de seguridad privada irán para arriba y le digo más: también pasará lo mismo en sanidad y educación». Tal respuesta deja bien claro que Artur Mas, antes de ser presidente, ya anunciaba una voluntad política concreta encaminada a potenciar la empresa privada en detrimento de la empresa pública, incluso en sectores tan sensibles como sanidad, educación y seguridad.
Países tan diferentes en tamaño y complicación como USA, Francia e Islandia, están aplicando otras soluciones para la crisis con mucho mejores resultados que el gobierno de Rajoy.
No es cierto que la subida de los medicamentos y el euro por receta se encamine a combatir abusos de los usuarios. Los medicamentos son y han sido recetados por médicos, no fruto del capricho de los consumidores. La subida se hace para obtener ingresos extras a costa de los usuarios de la sanidad en lugar de apretar en las negociaciones a las empresas farmaceúticas. Respecto al déficit de la Seguridad Social, una gran parte del problema está en la gestión nefasta de los hospitales, en los intereses personales de una cúpula médica con intereses en la sanidad privada y en la ideología de quienes gobiernan.
No es cierto que «todos los políticos sean iguales» ni tampoco que no haya alternativas. Esa idea se está extendiendo por el interés económico de las grandes corporaciones que dominan el mundo y que ven desde hace años en los gobiernos democráticos un obstáculo a sus intereses. Los políticos son diferentes unos de otros, los hay honrados y comprometidos y los hay vácuos y corruptos. La idea de que todos son iguales conviene para la desmovilización del pueblo y la permanencia de quienes se muestran «más colaboradores» con el poder económico.
Lo que sí es cierto es que la ciudadanía tiene en su mano la posibilidad de cambiar la dirección de los acontecimientos a través de la presión social y, llegado el momento, el voto. Y que pese a que la minoría dominante controle los medios de comunicación y las finanzas, mientras en el juego social se mantenga la posibildad de elegir a los dirigentes a través del voto, el poder sigue estando en manos de la mayoría. Por tanto, todos y cada uno de nosotros estamos implicados

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