Periódico "El Raval"

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viernes, 23 de julio de 2010

El Raval en las noticias

Si una persona cualquiera de Barcelona quisiera informarse de lo que pasa en el barrio del Raval a través de los medios de comunicación, no se habría enterado de que acaban de celebrarse las fiestas del barrio. No sabría nada de los cientos de voluntarios/as que han trabajado antes, durante e incluso después para que en estas calles se dieran cita vecinos y visitantes de todo el mundo en celebraciones en las que el factor principal ha sido la convivencia. No tendría ni una sola imagen de niños sonriendo, de mayores compartiendo mesa en la calle con hijos y nietos, de inmigrantes de todas las razas «aprendiendo Catalunya» a base de comunicación directa, no imaginaría el grado de civismo que ha presidido todas las concentraciones... Porque de todo ello no se ha publicado ni una sola página en los diarios, ni un solo reportaje en las grandes televisiones, ni una sola entrevista en la radio.
Si se hubiera informado a través de los medios de comunicación solo podría imaginar un barrio lleno de prostitutas secuestradas (siete casos y más de cien páginas en los medios haciendo énfasis en lo negativo de las historias y no en la eficacia de la acción policial) y de proxenetas desalamados. Imaginaría un barrio corrompido por trapicheos indecentes entre funcionarios sin ética (dos casos en el distrito entre una plantilla de cientos de funcionarios) y especuladores del sector del turismo. De estos temas habría encontrados cientos y cientos de notas de prensa en todos los grandes medios de comunicación, vídeos en las televisiones y largos espacios en las emisoras de radio.
Si quisiera saber como viven los vecinos del Raval le habría costado encontrar algún testimonio de todos esos que saben que en este barrio venimos de un pasado mucho más oscuro de marginación y obras interminables, no habría encontrado la voz de los voluntarios que ponen su esfuerzo, su ilusión y trabajo al servicio de los demás aportando iniciativas que mejoran la convivencia, que hacen posible las fiestas o que colaboran en la educación de las nuevas generaciones interraciales de niños para que sean ellos, los nuevos catalanes, los que continuen la labor de integración que todos deseamos.
Eso sí, habría encontrado una y otra vez la voz y la imagen malencarada de los portavoces del negativismo, el mensaje de quienes se quejan sin aportar iniciativas, de los que ponen trabas a las fiestas porque les molesta el ruido, de los que divulgan con pasión cualquier mensaje negativo que se pueda encontrar en la prensa referido al Raval, de quienes no han estado organizando nada porque prefieren tener razón en lo mal que está el barrio que poner el hombro en las iniciativas positivas. Habrá podido ver a personajes de la telebasura entrevistar a pobres marginados callejeros en estado de embriaguez evitando penetrar en el tejido asociativo, en el ambiente artístico y cultural o dar voz a quienes trabajan al lado de quienes sufren riesgo de exclusión social llegados de TODA la ciudad. Habrá visto a becarios micrófono en mano buscando lo que sus jefes les piden ofreciendo su «minuto de gloria» a personajes que no son capaces de ganarse más glorias que esas y que arrastran su anónimo resentimiento embistiendo contra todo sin importarles ser parte fundamental de la manipulación.
Este verano todavía no se han visto imágenes de putas con turistas, ni ha muerto nadie en una reyerta. Pero no nos engañemos. Ahí, en algunos rincones, están los buitres de la comunicación esperando a que algo de eso suceda para activar toda la maquinaria del morbo periodístico, y los «anónimos» vecinos esperando su micrófono a la gloria efímera de la crítica vecinal. Y si no sucede nada, ojalá, dará igual porque para eso están los archivos de vídeo: para mostrar como reciente algo grabado hace meses o incluso años. Como si la ciudad necesitara su dosis de «Raval» si no es fresco, congelado.
A este barrio lo están maltratando con saña. Quizás porque, al fin y al cabo, quienes dirigen esos medios son burgueses acomodados en otros barrios. Quizás porque los intereses políticos obvian el daño que se esté haciendo a la gente de a pie. Quizás porque siguen viendo al Raval como el «chino» de sus transgresiones juveniles... Da igual por qué lo hacen, el daño es el daño. Y quienes lo recogen y amplifican para «demostrar sus razones» son cómplices por resentimiento, por ignorancia, por falta de visión de proceso o por simple falta de luces. De todo habrá.
Nuestro periódico no juega a eso. No ocultamos los problemas, pero en estas páginas siempre tendrán prioridad los esfuerzos positivos de las gentes positivas del barrio.
Este mes tienen un buen ejemplo de ello.

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